
Pocos se acuerdan ya de aquel lejano 1996 cuando Ricardo Salinas Pliego le dijo cobarde y títere, por exhibir las irregularidades existentes tras la compra de TV Azteca, lanzando al mismo tiempo una campaña de desprestigio contra el periodista. Ricardo Rocha llamó a sus detractores en el Ajusco “jauría de falderillos y pinacates, que siguen los ladridos de su guía" y acusó a Salinas de haber contratado sicarios para acabar con su vida.
Unos años después, Rocha se sumó a las filas de la empresa a cambio de un programa de variedades y una emisión semanal de media noche, en los que ha dejado el poco capital que le quedaba como periodista.
Los días 6 y 13 de ese mes, Rocha presentó en sus emisiones de Reporte 13, un conjunto de entrevistas a miembros de un movimiento "disidente" del VIH/SIDA cuya sucursal en México se llama Vivo y Sano; conformado por supuestos especialistas, respaldados por supuestos seropositivos y encabezados por un chileno llamado Roberto Giraldo.
El sida, según explican estos sujetos no es más que el colapso del sistema inmunológico como consecuencia del uso de drogas, la exposición a contaminantes químicos del medio ambiente y sentimientos como miedo, temor, ansiedad, depresión, pánico, insomnio, falta de reposo, ejercicio extenuante, así como la pobreza y la malnutrición.
La conclusión es pasmosa: el sida no existe y es un invento de los laboratorios farmacéuticos multinacionales, que están ganando muchísimo dinero con los antirretrovirales. Un estudio cuidadoso de la literatura científica —dice Giraldo— muestra que el sida no es una enfermedad infecciosa y que tampoco se transmite sexualmente; que la transmisión de la madre al feto durante el embarazo y el parto o a través de la leche materna son simples mitos o suposiciones sin ninguna evidencia objetiva y que la transmisión del sida por la sangre supuestamente infectada con VIH, tampoco es cierta.
Rocha se mostró inexplicablemente indulgente con lo que a todas luces era un acto de charlatanería vergonzante, pero cuestionó duramente al doctor Jorge Saavedra, del Centro Nacional de Prevención y Control del VIH-SIDA (Censida), a quien le exigió evidencia científica de todos sus dichos. En sus conclusiones, después de haber patrocinado uno de los despropósitos más criminales, el periodista dijo que si bien no se sugería a los seropositivos dejar su tratamiento de antirretrovirales, había que mantener la mente abierta y le deja la decisión al público, sacudiéndose toda responsabilidad por el veneno sembrado.
Apenas el 8 de enero, Milenio Público de Guadalajara, difundió la existencia de 25 casos en puntos como Guadalajara, Ciudad Juárez, Estado de México, Distrito Federal, Monterrey y Chiapas en los que personas seropositivas dejaron su tratamiento a consecuencia de lo planteado por la asociación Vivo y Sano.
Algo apesta detrás de esos dos programas; investigadores mexicanos, asociaciones civiles en lucha contra el sida y el propio Censida han tenido que salir y buscar espacios en los medios para advertir del enorme riesgo de para la salud pública que significa abandonar un tratamiento con base en lo expresado por estos “especialistas”; de ser real cualquiera de los casos, Ricardo Rocha estaría incurriendo en una grave responsabilidad.
Unos años después, Rocha se sumó a las filas de la empresa a cambio de un programa de variedades y una emisión semanal de media noche, en los que ha dejado el poco capital que le quedaba como periodista.
Los días 6 y 13 de ese mes, Rocha presentó en sus emisiones de Reporte 13, un conjunto de entrevistas a miembros de un movimiento "disidente" del VIH/SIDA cuya sucursal en México se llama Vivo y Sano; conformado por supuestos especialistas, respaldados por supuestos seropositivos y encabezados por un chileno llamado Roberto Giraldo.
El sida, según explican estos sujetos no es más que el colapso del sistema inmunológico como consecuencia del uso de drogas, la exposición a contaminantes químicos del medio ambiente y sentimientos como miedo, temor, ansiedad, depresión, pánico, insomnio, falta de reposo, ejercicio extenuante, así como la pobreza y la malnutrición.
La conclusión es pasmosa: el sida no existe y es un invento de los laboratorios farmacéuticos multinacionales, que están ganando muchísimo dinero con los antirretrovirales. Un estudio cuidadoso de la literatura científica —dice Giraldo— muestra que el sida no es una enfermedad infecciosa y que tampoco se transmite sexualmente; que la transmisión de la madre al feto durante el embarazo y el parto o a través de la leche materna son simples mitos o suposiciones sin ninguna evidencia objetiva y que la transmisión del sida por la sangre supuestamente infectada con VIH, tampoco es cierta.
Rocha se mostró inexplicablemente indulgente con lo que a todas luces era un acto de charlatanería vergonzante, pero cuestionó duramente al doctor Jorge Saavedra, del Centro Nacional de Prevención y Control del VIH-SIDA (Censida), a quien le exigió evidencia científica de todos sus dichos. En sus conclusiones, después de haber patrocinado uno de los despropósitos más criminales, el periodista dijo que si bien no se sugería a los seropositivos dejar su tratamiento de antirretrovirales, había que mantener la mente abierta y le deja la decisión al público, sacudiéndose toda responsabilidad por el veneno sembrado.
Apenas el 8 de enero, Milenio Público de Guadalajara, difundió la existencia de 25 casos en puntos como Guadalajara, Ciudad Juárez, Estado de México, Distrito Federal, Monterrey y Chiapas en los que personas seropositivas dejaron su tratamiento a consecuencia de lo planteado por la asociación Vivo y Sano.
Algo apesta detrás de esos dos programas; investigadores mexicanos, asociaciones civiles en lucha contra el sida y el propio Censida han tenido que salir y buscar espacios en los medios para advertir del enorme riesgo de para la salud pública que significa abandonar un tratamiento con base en lo expresado por estos “especialistas”; de ser real cualquiera de los casos, Ricardo Rocha estaría incurriendo en una grave responsabilidad.

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